sábado, 3 de agosto de 2013

CAE LA TARDE

Tan terrible como la perspectiva
del hueco nacido
entre 2 maderas,
sin luz que lo atraviese.

Incisivo nervio ciático
punzando dolor inveterado.

Cruel como un lanzallamas
y sobrio
como la ladera mortal de un desfiladero.

Agudo
como un ligero latigazo.

Dos banderillas
con su orgullosa bandera triunfante
clavadas en terciopelo negro
por un país entero lleno de idiotas
adornan 22 pulgadas en un salón.

El pasado vence al presente (por lo visto).

Un brillo de sangre inmaculada
despunta en el estoque,
y la tarde cae...
y cae...
y cae...
sobre
la arena.

Oscar Malvicio -Gerona/Azuqueca de Henares-

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