sábado, 4 de mayo de 2013

PAPEL Y TINTA


Hoy, al atardecer,
quise escribirte una carta;
se había acabado el papel
y el tintero seco estaba.
Abrí la gaveta
donde tus cartas yo guardo;
de ellas, dós tomé en mis manos
y todo lo que habías escrito
despacio empezé a borrarlo.
Navaja de doble filo
del mismo lugar saqué
y mi brazo me corté
dejando correr al sangre,
y la pluma de un lorito
con mi sangre la mojé.

Así comencé a escribir
sobre lo que había borrado,
y aquel papel estrujado
de rojo lo ví teñir.
No importa que papel no hubiera
o el tintero se haya secado,
hasta carbón habría usado
o hubiera escrito en la piedra,
y vas a saber de mí
aunque tú ya no me quieras.

Si mi sangre se acabara,
esa que corre en mis venas,
lágrimas también usara
para hablarte de mis penas.
Puede acabarse el papel
y si la tinta no existiera
yo cogería un cuchillo
y en madera te escribiera.

Si mis cartas se extraviaran
con palomas mensajeras
igual sabrías de mí
aunque tú ya no me quieras.
Yo te seguiré escribiendo
aunque las cartas se pierdan
y a tus manos nunca lleguen.

Mis poemas seguirán viviendo,
y alguna noche de hastío
tú te dormirás leyendo,
y una mañana de otoño,
de esas lluviosas y grises,
sentirás el poema llorando;
porque se encuentra muy triste;
y una brisa silenciosa
tus cabellos soplará
y comprenderás que aquel
que siempre vivió soñando
nunca más escribirá.

Lorenzo Martin -Nueva York-

No hay comentarios:

Publicar un comentario