¿Y por qué se murió ese peón y tuve que acudir al club de ajedrez y decir «se ha muerto»? ¿Y por qué ellos soltando que fue la mala alimentación? ¿Y si la causa hubiera sido una coz de caballo porque ya se sabe lo que odian ser montados sin orden previa? ¿Y yo que les dije que consideraba inapropiada esa actitud y que el peón no tendría ni entierro cristiano? ¿Y que ellos me escupieran y retiraran la licencia federativa? ¿Y que yo decidiese nutrir a mi retaguardia con un dinosaurio, pese a que debo convencer a los soldados de su manicura semanal? ¿Y por qué los obispos ni mú? ¿Y por qué la dama, excitada que sí, que lo hace, que mi bestia satisface sus desproporcionadas pulsiones amatorias y el rey sin enterarse?
IVÁN HUMANES
Publicado en la revista Sea breve, por favor
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