No le digas a nadie que te quiero. Deja que la misteriosa noche cobije nuestros sueños. Que la poesía y la música inspiren nuestros besos. Y se llene nuestra vida. Con toda la paz del universo.
No le digas a nadie que me amas. Acaricia la voz del silencio. Yo sabré cuando me llamas. Tiéndete cándida en el lecho. Desnúdate el alma que mi cuerpo te reclama.
No le digas a nadie que me quieres. Deja que tus ojos me lo digan tiernamente. Deja que tus labios pronuncien mi nombre dulcemente... ¡Si sabes que te quiero! ¡Yo sabré que me quieres!
No le digas a nadie que te amo. Si flores y trinos armonizan de magia, el mundo si te llamo. Si el frondoso río del amor tus sentimientos y los míos ya han eternizado.
Amémonos ahora... A quién y por qué explicarlo. ¡Si yo sé que me amas!... ¡Y tú sabes que te amo!
Eduardo N. Romero
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