Muchos confían en hallar felicidad,
¡eterna, y eso es utopía!
Alguna noble Dama fincó en mí, su felicidad,
¡cuán desatinada está!, no puedo dar felicidad
¡no la conozco!, y nadie da de lo que no tiene.
Que el amor acaba de tanto usarlo y darlo,
¿y es que me aman cuando amo?, oh, sí, frente
al vividor desvelo mi sentir, y este, convierte
mi ilusión en sufrir, ay, sí, hay, yuntas de bueyes
arando en escarpados.
Que existe la pareja ardiendo más que en el infierno
y no, y no y no se separan; ah, es que es más fuerte
la costumbre que el amor, ¿en algún instante los
unió el amor?
Ninguna Princesa se casa con su amor u hombre.
Se casa con un Reino, y a mucha Princesa
le separaron del cuerpo la cabeza.
Toda unión de Reyes la hizo el hambre y la ambición.
La ambición de exploración de un tal “Colón”, y la
ambición de poseer, hizo a unos Reyes “Católicos”,
dueños de un Continente: América.
Oh, sí, y hallaron felicidad, y nos dieron felicidad.
Del libro En las cartas que leía la Bruja de
OMÍLCAR CRUZ RESTREPO
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