En los campos de olivares
dónde muero y, a veces vivo,
tengo miles de recuerdos
bordados de espigas doradas
de los cultivos de mi trigo.
En la tierra que se hunde
bajo mis pasos, que son ríos,
van creciendo amapolas
rojas de fuego y delirio.
En el viento que se enreda
en los cuerpos doloridos,
nacen ecos de suspiros
dónde brotan las palabras
que rasgan sueños vividos.
En la sangre que navega
por un mar embravecido,
van surcando mil gaviotas,
campos, tierra, viento y frío,
que les dan vida a unos ojos
verdes…verdes como mis olivos.
Juana Campos Cortés.
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