Ven a mis deseos prohibidos
con mi lengua, con mi boca,
y en éxtasis divino me coloca
al saborear el dulzor de tus oídos.
Ven a mis ansias contenidas
que se dejan caer hacia tus pechos,
que alucinan duritos y derechos
por tantas ilusiones concebidas.
Ven a mi deseo tan candente
y echemos nuestras velas a volar,
gozando del sabor que da tu vientre
y el olor sublime de tu flor al explotar.
Ven, entrégame tu flor tan deliciosa
a las ansias locas de mi boca,
que con codicia, busca lujuriosa
su néctar, en cada pétalo que toca.
Ven, hazme prisionero de tus piernas
en sinfónica y melodiosa cadencia,
con sentires y gemires que tu alternas
según inundas mi bergantín con indolencia
Ven y apaga este fuego que provocas
con el sublime mover de tus caderas,
que logra que juntas nuestras bocas
hagan que flor y mástil sean quimeras.
Roberto Batista Pargas
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