Da un paseo por el puerto,
el celador, le deja el paso abierto,
pero no es como las gaviotas,
con un suave caminar,
nada alborota,
aunque se hace amiga de ellas,
pues no encuentra aves tan bellas.
Conoce a todos los patrones,
de todas las embarcaciones,
conoce a cada uno de ellos,
de los cuales, tiene celos,
pero una envidia sana,
que la hace más humana.
También recorre las navieras,
y se imagina el mundo,
como si en ellas fuera,
a bordo de un crucero,
viendo el mundo entero.
Más de una vez,
se lo han propuesto,
pero ha sabido,
permanecer en su puesto,
pues habían altos mandos,
amargados,
que no la querían a su lado.
El personal del puerto,
la quería, la amaba,
de noche un concierto les daba,
con las aves como banda.
Un concierto, relajante,
un evento, excitante,
que se podía oír en cubierta,
manteniendo la mente despierta.
Se despide con un “hasta mañana”,
que es cuando regresa Ana,
nuestra noble portuaria,
de visita diaria.
Es un placer, narrar su historia,
que mantendré en mi memoria,
y proseguiré narrando,
todo lo que vaya pasando.
JAUME ALEGRE LASTERRA -Barcelona-
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