lunes, 7 de enero de 2019

LA NOCHE QUE EL TIEMPO GUARDÓ


Era tarde de invierno,
lluvia mojaba los pensamientos,
tus coqueteos distantes habían
avivado el fuego, el era camino
interminable y tu cuello desnudo
esperándome, ansias comían
mis labios, caricias se rebelaban
en mis manos, y mi cuerpo
se preparaba para ser tu almohada.

Era tu fragancia llamándome,
vestida de vino tinto respirabas
mis deseos y leías mis pensamientos,
a media luz entre sábanas atrapabas
en la noche mis besos, dejabas que el frío
fuera mis manos, en tanto mirabas
la luna pensando que ella contaba
la escena premeditada,
no serás hada madrina,
pero sabías cumplir las fantasías.

Era la noche que soñamos,
abrí la puerta y tu silueta tendida
esperando, mis ojos ardieron
y las excusas huyeron,
las mirada delataron dejándonos
sin argumento, besé tus labios
y sentí tu fuego, inerte me quedé
víctima de tus manos,
cálidas como sol de verano,
deshojaste la ropa con calma
en mi desesperación,
sin decir nada mojabas tus labios,
mientras mis dedos
tocaban tus encantos.

Era lo que fuimos,
vendaval seco bajo lluvia
de invierno, dos cuerpos
en un corazón latiendo,
bocas renaciendo en un beso
espléndido, miradas extasiadas
despertando en el suspiro,
dos gritos ahogándose en el río
del deleite, almas floreciendo
en el jardín del amor, mil palabras
terminando en una solo verso... te amo.
Una noche que el tiempo guardó...
y la distancia regaló.

Luis Emilio Tigüilá Robles -Guatemala-

No hay comentarios:

Publicar un comentario