Te abracé y por un momento
me sentí dueño de tu vida,
de tus sueños, de tus latidos.
Fue sólo un instante efímero,
para mí fue morir en la eternidad,
el justo equilibrio, la paz.
Te abrace y fundido en ti
liberé al esclavo que dejaste en mí,
se ahogaron las penas, reviví…
el dolor se hizo menos profundo,
menos oscuro, menos frío.
Me abrasaste y por un momento
te sentí naufragar en mi isla desierta.
De repente, floreció la flor marchita
que dejamos hace tiempo de regar.
¡Cuánto nos quisimos!
¡Cuánto tiempo perdido!
Fue triste comprender
Que del ayer no se regresa.
De tu perfume impregne mi alma
Y con ojos de tristeza
te vi, otra vez, partir.
CARLOS JULIO ALTAMIRANO
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