Estaban tan locos que se enamoraron profundamente uno del otro.
Era tal locura que a él se le olvidaba respirar cuando estaba frente a ella.
Pero ella le daba vida por cada beso que se enlazaban.
Solo hablan sus miradas,
sobraban las palabras
sobraban hasta las más bellas poesías.
¡Era magia!
¡Era fantasía!
Era la imaginación de dos seres que se querían.
Bésame... dame vida,
quiero tus besos que me despierten
cada mañana, ser el príncipe de tu universo
y el rey de tu cama.
Se amaron tanto que se olvidaron que un día sus almas se encontraron una frente a otra
y ya se querían.
Bésame mucho quítame la respiración
que quiero morir aquí, en tus brazos,
eso decía ella mientras sus ojos se cerraban
y el susurraba al oído la palabra más bonita que a ella le estremecía.
Estaban tan locos que el tiempo se paró en un beso de esos que nunca se olvidan.
Esos que no duran un día
ni una semana
ni un año,
esos que duran toda la vida.
Manuel Franco García
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