domingo, 6 de enero de 2019

AQUEL


Ardiente paloma me llamaba
aquel que apagaba,
su fuego en mis entrañas,
seducido por mis curvas pronunciadas
que sus manos fervientes transitaban.

Era nuestro verano de amor en su apogeo
con mañanas de oro tan intensas,
donde reinaban las horas del deseo.
Pétalos húmedos en el altar de eros,
en blanca miel festejaban los conciertos.

Pero llegó el invierno de nieve coronado,
Y trajo la inercia al tálamo nocturno.
Se fue enfriando el amor que pregonamos,
ansias guardadas quedaron prisioneras
cuando pasos intrusos inundaron el camino.

RAQUEL ALEJO

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