Déjame amarte como ayer, como hoy ; como siempre.
Solo déjate amar.
Déjame acercarme a tus labios, para satisfacer mis ganas de adorarte.
Déjame esculpirte con mis labios; déjame tatuar mi nombre en tu piel; déjame besarte con vehemencia; calmemos esta sed que sentimos.
Tu cuerpo me enloquece; me adsorbe, me aniquila
tú mi loco deseo, mi pasión; mi lujuria; mi loco frenesí.
¿Acaso será la dulzura de tu piel, la que me enloquece.
Hombre diáfano, locuaz, y cándido
Sentir tu aliento, escuchar los latidos de tu corazón, contemplar el brillo de tus ojos y tus lindos labios, es una ricura.
Preciosa provocación, preciosa figura varonil y mística, que incita a la lujuria y al pecado.
Tú la llama, yo el deseo;
Ven enciéndeme...
Olga Lucero Perez Morales -Colombia-
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