Desde mi cielo
te veo sediento,
encorvado,
mendigo de besos,
abrazos y tiempos.
¡Tan insignificante caminas!
¡Tan mísero te muestras!
¡Tan previsible, tan pequeño!
Desde mi vuelo
tu dolor
nada parece,
tu prisa
es un disparate enfermo.
El sol ¡si es grande!
( y el delicioso enjambre
de mosquitos trigueños…)
Desde lo alto
me sacio,
e indolente me deshago
en piruetas y quiebros.
¿Quizás desees ser ave?
Mas solo eres
otro ángel caído,
otro pobre diablo.
Polvo errante… frágil:
como tus sueños.
Raúl Sánchez Alegría -Vitoria-
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