lunes, 6 de junio de 2016

¿FUENTE O ESCALERAS?


Al poco tiempo de mi llegada a Guadalajara me inscribí en la UdeG. Enseguida llegaron los días del año propedéutico en Filosofía y Letras, recién había conocido a mi buen amigo Raúl Alberto (y a los compañeros del famoso Grupo B). No sé si ya había contado la anécdota... pero en mi recuerdo salíamos de la facultad camino hacia la avenida Alcalde. Me encontré con Raúl Alberto (todavía no era “El Lobo”) y con dos de sus viejos amigos que ya cursaban Filosofía, Cuauhtémoc Peraza y Esteban Loera. Era una tarde a punto de noche. Raúl Alberto preguntó de modo familiar a sus dos compinches: “¿Fuente o Escaleras?” Desde luego se trataba de los míticos establecimientos que tantos buenos ratos han albergado, pero yo me quedé pensando en clochards cortazarianos alucinando al Lobo y sus dos amigos como aquellos vagabundos que buscaban un rincón para acabar con el atardecer y las botellas bajo el brazo. Regocijo abierto al asombro. Hubo un sobreentendido en silencio y avanzamos caminando entre nimiedades y pozos cotidianos. Me imaginaba una fuente pública —poética por demás señas— o una filosófica escalera urbana en algún barrio perdido. Por supuesto es distante la comparación entre París y Guanatos aunque no tanto entre unos y otros personajes, así que y sin embargo unas cuadras más allá supe de Las Escaleras y poco más tarde de La Fuente… nuestras cantinas desde aquellos días.

Del libro Tres anécdotas con licantropía de Raúl Caballero García
Publicado en Ágora

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