Como
proa
hundida,
te embardunas la piel
para que no se resquebraje con el tiempo.
Solo pensaba al verte,
que tanto el triunfo como la derrota
adolecen entre los errores.
Y por qué no…
Sobre los aciertos de tu ser solitario,
cuales distantes se abren y se cierran como pétalos lácteos.
Pero
sigo
observándote.
Y pareces escaparte de ti mismo
en tiempo completo.
¿Será por el agrisado limo y el canto de la luna detrás?
No puedo saberlo.
Pero sí intuir
cuando huyes del río para desembocar en el silencio.
En fin.
Eres como esos artesanos
que pulsa por las venas, unos pocos versos
con sabores a barro.
Y otros pensamientos
que se van adhiriendo al costado del alma.
Fabián Irusta (Argentina)
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