domingo, 21 de diciembre de 2014

EL RITMO DE VIVIR


La soledad vigila tras la puerta,
no sea decrépita la vejez inexorable.
Me coge de la mano, roba horas de sueño,
enseña la mesa, me incita, mostrándome
la primera frase, en una hoja en blanco.
Cercada por la noche y su silencio
me retan las palabras desapoderadamente,
sin que me pueda encovar entre perezas,
la dehiscencia de mis frutos me sonríe
para poder dejar constancia de mi paso,
sin que estéril e incierto rompa y caiga,
llevándome a dormir...y a la muerte.
Una parte de mi ternura resiste indemne
todos los desengaños, que tiñeron de un gris
perenne y triste, cada muesca hecha
con puntiagudos y dolorosos clavos.
Las heridas se han recubierto, aislándolos
hasta olvidar, la fuerza del martillo por hincarlos.
La orquesta rasga melancólica las cuerdas
de un violín arcano, llevando ondas sonoras,
tomando al volar el relevo hasta los astros.
Mis versos inciertos, vuelan siempre de lejos
tras recorrer mi mente de alba a ocaso.
Girando continuamente, luminosos...
evitaran, me detenga esta noche.
Me hago preguntas, que nadie responde,
sólo mi impaciencia, oye los latidos
del corazón inquieto, acelerando el pulso,
como si esta fuese su última noche,
y...sigo escribiendo hora tras hora,
marcando el compás y melodía de su sentir.

Mayte Andrade -Benicarló - Castellón-

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