Mi corazón se rompía.
mi pobre alma lloraba,
porque tú a mi engañabas
de una manera impía.
Tu perversa felonía
mis ilusiones mataba,
sabías cuanto te amaba
cuando cerraste tu puerta,
al verme en calle desierta
y un gran frío que mataba.
Pero tu infame traición
tiene que ser castigada,
yo se que serás juzgada
por tu propio corazón.
Te ha vencido la ambición
queriendo alcanzar el cielo,
y ya no tendrás consuelo
ese actuar tan pervertido
que tu alma ha convertido
en un tempano de hielo.
Roberto Batista Pargas -Estados Unidos-
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