En el hambre surtida del alga atada
al mar agitado
de los olvidados,
su voz criaba sollozos,
musgos de orilla que se hicieron horizonte desbocado.
Causas maravillosas de materia con lágrimas,
ensueños de maniobra
donde el hastío tomo brigada de esperanza.
Eras donde un deshilvanar toca el auge
y la bizarría,
donde los destinos aullaban conciencias mordidas,
todo el estómago de aquellos años
sin una piedra de arroz cocido,
el hambre.
Los que amaban a tendón socado,
miraban el relámpago plural de su pluma militar,
premuras,
que el pan alzaba en sus hierros de harina
y el mar académico y calmo
acreditaba algunos recuerdos a la superficie vacia.
Manglares de ensueño a pecho en el instinto,
fenecido ayeres que hoy son esplendor de multitudes,
los que ayunaron el sacrifico
para que el retrato sistólico
de antaño
respirara sus propias huellas perennes.
Apocalípticos mundos de sangre
y sacrificio,
calles y avenidas,
donde solo se oía cavilar sin cuerpo al silencio en el espejo.
Ahí tu voz potente trepaba laderas
entre cabras
y montañas,
vicios del pez viento,
que dejaba una leche transparente
en la hierba
que se amamantaba del verde intenso.
Los tuyos te amaban con flechas
y saetas
con fugaces estrellas
que caían enredadas en un estupor de luz,
ardiendo,
vientre y atlas de aquel Perú
que siempre fue como un naipe multicolor.
La imaginación te premio
con ese lirio
de nieve
y aedo mayúsculo,
tu Perú
de Lima,
penumbra ancestral,
moneda de estirpe del Inca,
simas de arena,
piedras niqueladas de andares y siglos.
Belén Aguilar Salas -Costa Rica-
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