Llora lágrimas amargas
por el daño que le causamos,
no… no eres tú o yo,
fuimos todos,
ahora nos damos cuenta
del daño hecho,
todo contaminamos ríos y mares,
campos y árboles.
Hasta los seres humanos
también nos contaminamos
de avaricia, de envidia,
jamás pensamos que el mar y el río,
así como los bosques
recobrarían lo suyo,
eso se nos olvidó.
Que haremos los que quedemos,
¿habremos aprendido la lección?
que los valores son lo primero
ayudarnos eso si es de humanos.
De corazón aprendamos
que no somos nada
y mucho menos dueños de nada,
las lágrimas amargas
no escogen pobres o ricos
se los llevan parejos.
Aprendamos esta lección…
es muy grande, estudiémosla,
tener amigos eso si vale,
familia que te diga te quiero
estamos unidos aun estando lejos,
¿cuánto vale?
apoco hay dinero para pagarlo,
por qué yo no lo creo,
decir te amo no cuesta nada
y abraza el alma.
Sinceramente yo no encuentro palabras
para agradecer a Jesús la oportunidad
de decirle a mi familia…
estamos bien, los amo.
Que gran palabra… Te amo,
pero la olvidamos cada amanecer,
cada anochecer,
podemos comprobar
la luz y la oscuridad,
así nosotros debemos escoger
siempre la luz
siendo verdaderamente seres humanos,
así como nos gusta llamarnos.
Demostremos que si somos
seres civilizados apoyándonos,
en este mundo todos necesitamos
de todos,
¡para qué el dinero
si no hay doctores para curarnos!
si no tenemos víveres,
para qué sirve el dinero…
no se come.
Entonces amigos
¡ayudémonos como hermanos!
Este poema lo dedicó
a todos los humanos,
especialmente a los poetas
que sembramos letras
e incluso usamos la palabra,
pues sembremos amor
y recogeremos esperanza.
¡Hagamos conciencia!
es mi ruego compañeros.
María Regueira López
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