domingo, 26 de abril de 2020

NO HUBO EXCURSIÓN


         Dejó junto a la cama las piernas y los brazos y fue pasando las hojas del libro a golpes de párpados mientras que con la pelvis movía las sábanas.
Entreabrió los labios para mandar un mensaje al ordenador que obedeció instantáneamente. Unos minutos después golpearon la puerta. Mentalmente comunicó que la puerta estaba abierta.
Entró, ella, la robot G-24, con una bandeja llena de zumos verdes, rosas, anaranjados. Bebió uno tras otros mientras G-24 cantaba una nana sedante que adormeció su cuerpo.
Al despertar recibió una señal. G-24 lo esperaba en la sala de regeneración corporal. Seguidamente recibió otra. Era C-25 que lo invitaba a una reunión en la oficina central. Instantes después A-12 le necesitaba urgentemente en el viejo hospital. Pero aún le llegó una última señal. B-2 le pedía que llevase un paquete de píldoras alimenticias al comedor experimental.
Decidió ignorar todas las señales y quedarse en el dormitorio soñando con unos árboles frutales.
Las señales siguieron pero las siguió ignorando y continúo en la cama descansando.
Unos golpes en la puerta lo sacaron del sopor. Mandó con su mente un mensaje a la puerta y ésta se abrió. Era G-24. Soltó sus auriculares en la mesa.
C-25 llegó diez minutos después con un montón de papeles que le invitó a leer. Eran los acuerdos de la reunión en la oficina central. Se acabó el descanso. Los sueños de momento debería olvidarlos.
Por la tarde G-24 le mandó un mensaje invitándolo a una excursión al río el próximo domingo. Aceptó encantado y se ofreció a llevar el vino. Sabía que a G-24 le gustaba el de raíces de calabaza. Seguramente ella llevaría cápsulas de pepinillos y tortitas. Eran su comida preferida aunque no siempre conseguía encontrarlas en el mercado de alimentos elaborados.
El prefería unas pastillas con sabor a tortilla de patatas o un concentrado de pollo frito o asado. Esperaba que G-24 no lo olvidara y en su cesta las llevara porque a él no le gustaban las cápsulas de tortitas.
Durmió poco aquella noche pensando en los ojos negros de G-24 y en su cuerpo que adornaba con dorados broches. Cada broche recibía o emitía señales que dirigían a su bella y atractiva compañera y amiga.
Por la mañana recibió una señal de G-24 anulando la excursión porque su circuito central había entrado en recesión. Debía pasar todo el fin de semana en el taller mientras reparaban su circuito leyendo un libro de ciencias aplicadas muy aburrido.
Como no había excursión aprovecharía para arreglar su circuito central y pasar, en el taller, el fin de semana con G-24.

JOSÉ LUIS RUBIO 

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