domingo, 5 de abril de 2020

LA LLAMAN PANDEMIA


Ya no se escucha el bullicio de los niños,
ni las motos circulando en mi pueblo,
atrás quedaron los ancianos,
en la gran plazoleta frente a la iglesia,
todo está vacío y desolado,
solo una sirena de bomberos,
justo a las diecisiete,
donde cierran los pocos negocios
y el poblado es un desierto...

Ya no se espera en la casa al amigo,
porque nadie vendrá a tomar un mate,
eso, ¡para nosotros, los argentinos,
es un delito con causa penal!,
pero al fin, casi todo está prohibido,
el querer compartir algo con alguien...,
¡ni se les ocurran, nuestros queridos abrazos!
Nada. A las veintiuna horas, otra sirena...

Primero, era algo muy lejano...,
allá, en La China, en otro continente
lejos, tan lejos, que ni lo teníamos en cuenta
y hoy es una PANDEMIA (algo casi desconocido),
casi nunca habíamos escuchado ese término,
esa palabra tan mortal...,
no pasó por nuestro pensamiento,
el hecho de estar encerrados y aislados.

Ya hoy, dos de abril del año dos mil veinte,
con toda la globalización y la tecnología...,
al alcance de la vista de todos el orbe,
y que por un suelo fértil o no,
de esta, nuestra tierra,
¡tantos cadáveres cubren el suelo
y que ni una humana sepultura
les podemos dar!

Me he preguntado muchas veces,
y aunque al mundo les parezca un despropósito,
¿para qué nos sirve hoy,
el dinero y todo lo material?,
si solo Dios sabrá... a quién le tocará,
dejar este supuesto paraíso de riquezas enormes,
que ni los expertos,
con toda la ciencia a su alcance...,
¡podrán evitar el desastre tan extremo
de esta dolorosa catástrofe humana!

Sil Cari 
Compartido por Juan Favreau Campos

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