Dame una sola muestra de amor
que selle la boca de la duda
hasta saber del pecado el temor
y, de tanto amor, su verdad desnuda:
¡Amante que vives tu sola vida
y sonríes con mirada silente!
¿En quién, yendo de amor protegida,
encuentras en él un culto diferente?
Pasión cruda que a ti me acercas
y una tras otra sin saber cuántas
despiertas las ansias, un tanto tercas
y dormidas de placer, que levantas.
Caricias que sin ti van a la basura
roto el hilo de la esperanza,
y satisfacen la carne madura;
¡plácidas!, con ánimo de venganza.
Fuerzas de mundo fiero extraídas
complacientes de su pasión guerrera,
que tornan sumisas y poseídas
su amor tras impaciente espera.
Si me pudieras leer, tan sólo ver,
sabrías el hondo sentir que siento
y nadie más que tú podría saber,
al ser ya nuestro, tan fiel sentimiento.
Sé que estás ahí y me conforta,
siendo sueño de inmortal deseo
que, divino, un dios menor transporta
hambriento en constante devaneo.
Paco Aguilar i Espada
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