La ocasión de amarnos entre tú y yo se va... huye... se escabulle, nada como pez en el río y al final se ahoga, soy dueño de tu ansiedad y tu dueña de la mía y la vida nos ve sonreír... a veces y otras nos quita ella misma la vida. Difiero a ti... tú te quieres ir y debo yo creo que sí, dejar que lo hagas, no quiero atar un querer si no me quiere, mi lindo amor cuando usted quiera irse yo mismo le quito los clavos; a este sentimiento que une... que empezó un día amarnos cuando creía en la fe... ahora abrazarte amor me cuesta tanto, las circunstancias de la vida misma nos puso las alas y caemos dentro de un gran vacío, si te vas cuida de no perder tus alas... las mismas que nunca quisiste perder a mi lado, cuando yo mucho te amaba, te quería. Me llamas amigo... ¡yo te amo! No existe un sentimiento igual de ti para este hombre que lo único malo que ha tenido es pretender tu cariño, perdóname amor mío si te ofende mi amor, el amor no te buscó a ti... ni a mí, simplemente un buen día cuando andaba... por ahí... distraído, nos encontró a los dos y puso la fe y la esperanza en el corazón y nos unió... Ya sé que te vas lo anda pregonando un sentir muy tuyo, adiós... aquí cuando un día menos esperado y quieras venir, solo un amigo encontrarás... porque el amor se va... porque no supo anidar, porque las fronteras del alma eternizan... ¡sí! Pero si quedarse es llorar y llorar... tantas veces por ti y solo por ti, el infortunio de tu amor, en el andar la gaviota y el gorrión... cada uno en su cada cual, si el amor no se logró... en otro lado encontrarán la paz y la calma... corazones desvalidos, que en dichos brazos en su momento... no pudieron encontrar.
Agustín H. Castañeda
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