sábado, 30 de junio de 2018

MURALLA


Quedaron las siluetas
deformes de cada rastro
estampado en las mejillas
de las murallas sin piel.

En los rasguños superficiales
de los veranos olvidados
aún temerosos quedan tenaces
el fuego de las pupilas risueñas.

Mientras al otro lado
de la cordillera aullando
marchan en vorágine, huérfanos
los agostos abandonados.

Quédate, desolada tonada
del amanecer, contigo suficiente
será atravesar sobre todas
las inclemencias sembradas.

De tantos anaqueles
con copiosas y nítidos
pasajes de la urdimbre vital ahora
solo queda una página amarilla.

Se apagó el lamento
de las piedras rodantes
quedan solos, inmovilizados
en parapetos, mudas murallas.

Orlando Ordóñez Santos 

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