sábado, 30 de junio de 2018

MI SONRIENTE AMIGO


Donde se mece la rosa
sin ser primavera
con el efímero encanto
de una tormenta al mar,
ahí yace, en el fondo,
un suspiro atenuado
que anhela ser beso,
y se ha hecho... mirar.

Sin distancia, ni tiempo,
acaricio tu imagen
que fermenta en mis ojos
una lágrima más.
Ha sanado mi herida,
se coagula un deseo
se hace sueño el recuerdo
que es en mi realidad.

Así cantan las flores
sus pétalos al viento,
e imagino en ti, amigo,
la más dulce verdad:
Y quisiera elevarme
pero cierro mis alas
y en la hoguera de tu aliento
se consume mi paz.

Lourdes Avila Zapién -MÉXICO-.

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