Mi vida puesta en la balanza
revela una triste semblanza.
En mi insoslayable entorno escabroso,
menesteroso y angustioso,
invocando auxilio urgente
surges de repente,
y ante esa supremacía de pasivos,
eres mi recompensa, me brindas lenitivos.
Con tantos desengaños,
interminables en su acoso, como infinitos rebaños,
me azotan de tormentos
y me debato entre cadenas de lamentos.
Obligado al eterno combate,
me asistes, eres como mi cuate,
me nutres fortaleza
y hago de esta vida una proeza.
Son las tempestades cruentas,
causantes de heridas sangrientas,
y los huracanes feroces,
devastadores de mi ánimo, tan atroces.
Dispuesto a combatirlos
me aconsejas escabullirlos,
me otorgas el refugio
y me indicas el efugio.
Es raquítica mi paz,
tan precaria, de fácil despojo por la adversidad rapaz;
es feroz la melancolía que me acomete,
y el desasosiego me somete.
Surges desde un sitio arcano,
me das tu prodigiosa mano
y me levantas del légamo,
eres mi bálsamo.
Cuando voy por otros lares,
y cuando las añoranzas me abundan en mares,
cuando pare nostalgias la distancia,
me abruma la estancia.
Un hada camina a mi lado como brisa,
despierta mi sonrisa,
me regala una primavera
me otorga como adehala una pradera.
Cuando el dolor me desgarra,
prendido con su impía garra,
el pesar me aniquila
y todo me horripila.
Como analgésico oportuno llegas,
muchos alivios entregas,
la crueldad amortiguas
y hasta sanas heridas antiguas.
Con la esperanza marchita,
el cuerpo que tirita,
evitando el trayecto sinuoso,
difícil, todo es tenebroso.
Entre el ruido del grillo
se despeja mi entorno y se llena de brillo,
das tu luz generosa,
me abres una senda prodigiosa.
Siempre tú. Para amainar la ventisca,
para consolar ante la dicha arisca.
Y cuando me visita la alegría,
que a veces me susurra con su melodía,
en cuentagotas o como equivocación,
quizá confundiendo su estación,
puedo conservar su aroma y su forma,
gracias a ti, que sabes su horma.
Si tú no hubieras existido,
si no me hubieras socorrido,
dándome los rebozos
para ocultar mis sollozos,
fortaleciéndome como muralla
para enfrentar la perpetua batalla;
seguro que el sepulcro me hubiera atrapado,
sin ti, la fatalidad me hubiera derrotado.
Para no sucumbir ante el ciclón agresivo
y ensayar un medio defensivo,
para no morir sin contemplar los colores de la vida,
para mí tan aterida,
te busco antes que caiga la tarde,
cuando mi coraje aún arde,
te agradezco por tu bondad imperecedera
aliento para morar esta esfera.
Ah, pero cuando veas que todo en mí desfallece,
mi vigor cae, decrece,
y que se apagan los días,
que son noches muy sombrías,
y tenga mi voz ahogada
y ciega mi mirada,
tú me aconsejarás la senda a tomar:
o una estancia cadavérica o la profundidad del mar.
Ya cuando todas las batallas se agoten
y los reveses me azoten,
siéndome todo extraño,
del mundo un huraño,
ubicado tras un visillo
sin fuerza para caminar el pasillo,
tú me tendrás compasión, y serás mi guía,
no me querrás como mártir con tétrica melodía.
Mi mundo oscuro, ni leves centellas que se crucen,
con sol, estrellas y luna que nada lucen,
sin luz ni calma
y torturada el alma,
reducido a un cerrojo cada vez más estrecho
y sólo con el fatal lecho,
tú también me renunciarás y no por maldad,
sino será inútil tu piedad.
Entonces, cuando todo se me apague,
sin que ya nada me halague,
y sea un vegetal
o un metal
sin conciencia y vitalidad,
sin energía ni movilidad,
me cerrarás la puerta y te irás ligera,
huyendo de una historia lastimera.
Cuando el mundo no sea mío ni yo de él,
me haya alejado en el ágil y irreversible corcel,
y no sea, por fin, carne de las angustias y desventuras,
me iré, me libraré de transitar tantas honduras.
Quizá como deudor de gestas y sueños,
aunque si puse todos mis empeños,
me iré sin deber a nadie llantos
y feliz de no escuchar quebrantos.
Pero aún lejos, quieto, mudo
militante de un mundo nuevo, quizá no tan crudo,
volveré y estaré aquí, en tu afable travesía,
¡por ti y para ti, POESÍA!
Porque nadie como tú, generosa,
embelesante, compasiva y primorosa,
fiel y con la mano siempre extendida, sin hipocresía.
¡GRACIAS, POESÍA!
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