lunes, 6 de junio de 2016

TODAS LAS TARDES...


Todas las tardes, desde la ventana de su oficina, la veía pasar, era una mujer enigmática. Se sentía raro al mirarla.
Con el paso del tiempo, se acostumbró a ella, hasta esperaba el momento en que la vería.
Ella, pasaba todos los días a la misma hora, su cabello volaba con el viento, al igual que su largo vestido... siempre iba envuelta en un halo de misterio.
Cuando él abría la puerta para ver a dónde se dirigía, no había nadie, como que desaparecía de pronto, eso lo mantenía intrigado.

Un día, no resistió la tentación en descubrir quién era esa mujer que había llamado poderosamente su atención y decidió salir y espiarla, se ocultó tras un árbol y esperó pacientemente, esta vez, no iba a desaparecer...
La vio acercarse lentamente, parecía que volaba, pues no alcanzaba a ver sus pies, tampoco podía distinguir bien su rostro, porque de pronto, como que oscureció un poco y se soltó un viento helado que le caló hasta los huesos, él temblaba y no sabía si era de miedo o de frío...

Cuando la mujer pasó por su lado, dejó caer una rosa negra que él recogió, emanaba un suave y frío aroma, quiso alcanzarla para devolvérsela, pero era imposible, no lograba darle alcance, solo veía cómo se iban desprendiendo pétalos negros de su cabello... aun así, continuó siguiéndola y vio que entraba a un cementerio, estaba en zozobra, ¿a qué iba ahí? y... tan tarde.

No quería entrar, pero una fuerza lo estiraba, quería correr, pero sus pies, no le respondían. Observó cuando la mujer, hincada, depositaba un ramo de rosas negras en una tumba, le dio un poco de lástima y a la vez curiosidad, se acercó para preguntarle si necesitaba algo, luego, ya estando cerca, miró en el epitafio su nombre, si, el suyo... ¡No podía ser!.

Empezó a pasar las manos por su cuerpo, incrédulo y desesperado, y las manos, lo traspasaban, él era solo aire, no tenía carne, no tenía vida... era como un ser transparente, pero con alma... quería emitir gritos desgarradores, pero no salía su voz.

Ella se levantó después de poner las flores, y limpiarse un par de lágrimas... él, en ese momento, se dio cuenta que era la mujer que tanto amor le había profesado, vio que era aire como él, sin carne, sin vida, solo la silueta de su cuerpo con alma...
El conjuro, se había logrado, estaban los dos seres, manifestándose... juntos...
Se vieron, como queriendo decirse; "Gracias por todo", sonrieron, se besaron, se fundieron en un abrazo de almas y en ese momento, se convirtieron en mariposas, después, se volvieron polvo de estrellas...

El viento, que había presenciado todo y estaba emocionado hasta las lágrimas por la tierna escena, deseó hacer algo por ellos... quería un recuerdo de tan bella historia.
Formó un remolino, y juntó el polvo de estrellas que había quedado disperso en el aire al hacer explosión los cuerpos en el abrazo y formó una hermosa y grande estrella, tan brillante, que se veía que iluminaba más que el astro rey...

Suspiró y la llevó a las alturas... la acomodó en un lugar donde resplandeciera tanto, que quien la viera, supiera la historia de ese amor imposible...

Tania Blanco Sánchez

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