Tardé algún tiempo
en conocerme.
Uno no se conoce desde el principio.
Y al fin y al cabo,
ésa es la vida,
indagar por dónde
se nos sale el alma,
esperar que un día llegue el milagro
que convierta el amor
en la gramática,
y todo lo confunda,
desde la raíz.
Yo también quise ser diciembre,
como tú,
quise ser diciembre,
cuando no era nada,
cuando diciembre no existía,
cuando el invierno era un mundo
que se quedaba aparte,
mundo que contemplábamos,
que después se iba,
cuando era la piedra
de aquella iglesia,
diciembre era la piedra de una iglesia,
y los libros que aún no habíamos leído.
No sé si con el tiempo puedo ser
la memoria que vino conmigo,
aquello que debía descubrir,
aquello que mi letra
me iría desvelando poco a poco.
No sé si con el tiempo puedo ser,
o en algún lugar me quedé perdida.
Y en una ciudad con frío,
alguien que es como yo
sube a un tranvía,
alguien que es como yo
mira las calles,
alguien que es como yo
lleva un abrigo,
y unos libros bajo el brazo.
El hombre que soy
se ilusiona con la luz de los árboles,
presiente alegría porque tiene voz,
porque su voz se inunda de palabras.
El hombre que soy
se queda con la luz.
Lo contemplan la oscuridad y el frío.
De todas maneras,
no hay que despojar a las cosas
de su poesía.
Hay que dejarlas con su lluvia,
aunque nos cale los huesos,
hay que dejarlas confusas,
aunque el corazón golpee.
No hay que despojar a las cosas
de su poesía,
de su confusión,
de no saber adónde vamos,
no siempre la certeza es luminosa,
yo quiero la luz del andar perdido.
Del libro Día feriado de INÉS MARÍA LUNA -Morón de la Frontera-
Publicado en Luz Cultural
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