RESIDENCIA
No hay más que una tierra,
no hay más que un sol,
no hay más que una vida, la vida;
no hay más que un amor, el amor,
y todo cabe al mismo tiempo y en el mismo espacio
que es el minúsculo e infinito pensamiento de Dios,
y ahí, ahí residimos, desde antes del tiempo y del espacio
y desde antes, desde mucho antes de que existiera la tierra y existiera el sol,
y seguiremos residiendo, por siempre y para siempre, tú y yo.
“EL PANA”
Legendario y heroico.
“El Pana” era de oro.
Oro puro era “El Pana”.
Nadie diga que ha muerto,
que es a partir de ahora
que comienza a vivir y vivirá por siempre
y para siempre en la memoria mágica de México;
que mágico era “El Pana”,
y Rodolfo Rodríguez era mágico
como la historia mágica
que fue su legendaria y más que heroica vida.
EL JUEGO
Jugar, jugar y jugar
y jugar a jugar por jugar
y el gusto de seguir
y seguir y seguir siempre jugando.
Juega la tierra y el sol,
juega el aire y juega el agua,
juegas tú, juego yo;
juegan la vida y la muerte;
y el desdén y el amor
juegan y juegan y juegan,
y nunca, nunca jamás ha dejado de jugar,
ni dejará de jugar. el Creador;
pues la Creación es un juego
y el Creador el Supremo Jugador.
VIDAS
Mis vidas, aquellas vidas
que en otros tiempos viví,
en noches, como esta noche
en que ando herido de ti
y beso mis cicatrices,
las siento dentro de mi
y otra vez vuelvo a vivirlas,
y a sufrirlas, y a sentir
que no hay más que una vida,
por más que uno crea que hay mil.
EL DADOR DE LA VIDA
Los náhuatls o mexicas
solían agradecer y cantar
al Dador de la Vida, la vida;
nosotros, entre estas hirientes
y duras alambradas del dinero,
y el no tengo dinero
y no me alcanza el perverso dinero,
¡ah Mamacita Punta y Papacito Ciervo!,
no agradecemos nada de nada
y apenas si gruñimos
y hemos olvidado que el Dador de la Vida
no cesa un solo instante
-¡Escucha cómo gritan y juegan los niños
libremente en el patio de la escuela!-
de crear y crear y amar y reinventar la vida;
la vida que es la vida y siempre ha sido la vida,
por la gracia del Dador de la Vida;
que sigue estando ahí y dándonos la vida.
Los náhuatls o mexicas siguen siendo
esos sabios maestros que nosotros rara vez escuchamos,
¡oh Dador de la Vida!
JUAN CERVERA -México-
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