¡Cómo danzan las copas de los árboles!,
parece que sonrieran uniéndose a mí
contra el destino oscuro que alejé de mi senda
y que se avecina feliz porvenir.
Retorné entristecido al bosque virginal;
pero al ver la floresta danzar, sonreír,
torné el llanto en risa y di punto final
a los malos pasos y al negro sufrir.
Hoy que la lluvia acaricia mi rostro al caer,
en la fresca tarde me libera el corazón
del sinsabor, la ironía y la pena mortal.
Pincelando en vida un nuevo amanecer
maravillado contemplo la natura de la vasta región
cual si fuera el primer hombre del edén tropical.
Armando Rebatta Parra -Perú-
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