Como esos cuadros de Edward Hopper
Donde se pintan pueblos en solitaria quietud
En tranquila convivencia
Así recuerdo
La ciudad que dejé a mis espaldas
Un horizonte sin prisas
En la tolvanera del mundo
Un paisaje de calles silenciosas
Bajo la radiante luz del mediodía
La perenne visión de un tiempo inmaculado
Donde mi corazón aún se llena de sus propias añoranzas
Un pueblo de luces etéreas, de sombras distantes
Como el fulgor de un espejismo que se resiste a marcharse
GABRIEL TRUJILLO
Publicado en Periódico de poesía 88
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