jueves, 23 de junio de 2016

LO QUE CONTÓ MÁS TARDE LA SERPIENTE


Desde luego, grita,
golpea, destruye. Incluso
ha llegado a dormirse de puro enojado.
Dormirse durante siglos, sin soñar nada
nada en absoluto
y de repente despertar
entre aullidos, empapado en vinagre
con un par de clavos en las manos.

En cuatro palabras:
vive furioso consigo mismo.
Y ya no queda nadie en el Edén
(salvo la música de Bach)
a quien pueda achacársele la culpa.

Desde que los echó, no juega
no canta, no baila.
Y ha dejado de rezar.

Jorge Castro Vega -Uruguay-
Publicado en suplemento de Realidades y Ficciones 69

No hay comentarios:

Publicar un comentario