Puedo insistir, como letal araña que entre sombras trenza sus tiempos con los garfios de su red, en atrincherarme en lo unánime.
Puedo existir como una impostada Penélope que, con sus diversas verdades, desteje la noche a la luz de los desvelos, invernando en los asombros del día.
Puedo palpar la holgura de un pellizco en tu alma con la yema de mis dedos, cuando me prestas besos para espantar tu insomnio.
Puedo, como Cortázar, medir mi anhelo por ti en años caracol, años tortuga o años luz...
Sin embargo, abandonada a mi letargo, con tu cuerpo en ausencia, no soy más que ángel caído que muere hibernando entre los respaldos de tu invierno.
Maria C. Paz -Reus-
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