sábado, 25 de junio de 2016

III.


A mi sobrino Mario

Sus padres recién habían pintado
la casa nueva;
y él, desde sus tres años,
destapó la mágica estación de los colores
con un lápiz de una marea roja
que bien podría haber sido una tierra ocre
o una sangre coagulada;
dibujó sobre la pared un córvido
que quedó flotando entre la lámpara
y el aparador,
apenas unas líneas prístinas.

Arrodillado garabateó
con la lengua mordida
entre sus dientecitos de leche,
las más íntimas luces de la historia,
con pericia  antigua, desnudo
y henchido de vida nueva
perfiló  el cuerpo elegante del caballo
que llevaba cabalgando
en la pared secreta del tiempo,
invisible en la invisible cueva,
más de treinta y mil años de belleza.

JAVI BAENA -Sevilla-
Publicado en Luz Cultural

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