Por tanta fe callada y desoída
quebré la ley de Dios y, en el quebranto,
sentí cambiar la fe por desencanto
y vi que la verdad era mentira.
Lloré sin dramatismos y sin ira,
sin rabia, sin histeria, sin espanto;
lloré con soledad, lloré con llanto
que tiene la esperanza ya perdida.
Rondó la eternidad, yo no sé cuánto
lloré con esa lágrima vencida
que llora más de muerte que de herida.
Y ya dejaba el mundo pero, en tanto,
un guardia se me opuso a la salida:
“Si tienes llanto aún, aún tienes vida”.
Así que en el sinfín de esta bañera
estoy haciendo aguas y... a la espera.
Del libro “El Limón hespérico”de
Mariano Estrada
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