Cuando Burt Male llegó a su casa, la policía ya lo estaba esperando. Horas antes, había mantenido una ruidosa pelea con un compañero del trabajo. Al interrogarle, comprobaron que carecía de documentación y que no recordaba detalle alguno sobre su pasado. La policía creyó después, a la respuesta del envío de su fotografía a las comisarías del Estado, que podría tratarse de un hombre que contestaba como Paul Menders, desaparecido meses atrás en una ciudad situada a más de quinientos kilómetros de distancia.
Al día siguiente, cuando la señora Menders visitó la comisaría, la llevaron a la habitación donde esperaba Burt. Éste afirmó, convencido, que nunca la había visto antes. Sin embargo, la señora Menders, no tuvo ninguna duda en reconocerlo como su esposo. Arregló el papeleo y enseguida obtuvo el permiso para llevárselo a casa. En la calle, mientras cruzaban la avenida, sin perder la sonrisa, le dijo:
-Si te portas mal, querido, acabarás igual que el señor Menders.
Isidoro Irroca
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