domingo, 5 de junio de 2016

CRIATURAS DE LO PROFUNDO


Éramos compañeros de trabajo y andanzas virtuales.
Intercambiamos videos de porno gore que, cada uno por su cuenta, pescaba en las inmediaciones de la Deep Web. Eran inmersiones rápidas para luego ascender sin ningún daño. Hasta que mi amigo tocó fondo en un lado más obscuro de Internet. Se aisló de todos y todo, y solo llegaba a trabajar, sucio y somnoliento, para cobrar el dinero con que comprar más de aquel material. Así hasta que lo echaron de la oficina. Fue cuando, meses después, me abordó en una callejuela para exigirme dinero.
«Lo necesitó, es la última sesión con Pearl. Ella se acercó a la pantalla y la empañó con sus labios cubiertos de sangre. Dijo que debía ir más profundo por ella. Hermano, canta mientras se come a los moribundos con los que hace el amor. Me atrae con esa voz hacia el abismo». Y me golpeó para robarme la billetera.
No se iba a quedar así. Fui a reclamarle a su casa. No había muebles ni agua ni electricidad.
Entré a su habitación.
Estaba sentado frente al ordenador, con los ojos desorbitados y sangre a borbollones saliendo de oídos y boca. En la pantalla, todavía parpadeaba la dirección:  www.onion.pearlwhite...
─ ¿Y por lo menos tenía buenas tetas, la condenada? ─interrumpió el oficial que tomaba las declaraciones en la comandancia.
─ ¡Cómo voy a saberlo! En la pantalla solo había nieve y estática.

Patricia Mejías (Costa Rica)
Publicado en la revista digital Minatura 148

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