LA ENVIDIA
-canción-
El lirio de la pradera
no envidia a nadie, no envidia;
ni la malva envidia a nadie,
ni el nardo envidia al jazmín,
ni la espiga a la amapola;
la margarita no envidia
a la rosa y la rosa
no envidia a la margarita;
yo no me puedo explicar,
pues no es fácil de explicar,
porque tú envidias y envidias
fieramente hasta tu sombra.
SUCEDE
Sucede que de repente uno siente que la vida
se detiene en los ojos transparentes
y felizmente encendidos del niño que, alguna vez,
felizmente un día fuimos y un día dejamos de ser,
pero he ahí que, de repente, y uno no sabe por qué,
de repente, y por un fugaz instante,
volvemos de nuevo a ser aquel niño que un día fuimos
y, con él, ¡oh milagro de milagros!,
tuvimos madre y tuvimos la ilusión de tener
todo lo que no teníamos y no podíamos tener.
Sucede que de repente, así suele suceder,
que esta vida es como es, y como es esta vida
y ha sido siempre y será y por siempre así ha de ser.
EL ESCLAVO
Miraba a su alrededor
y veía esclavos y esclavas
por todas partes,
y era tan desolador
ver sólo esclavas y esclavos,
que cerró sus ojos para no ver,
pero vio, en su interior,
que el esclavo más esclavo
entre todas las esclavas
y entre todos los esclavos,
no era otro si no él.
NACERÁN
No han nacido todavía,
pero nacerán un día
los que al fin compartirán
estas locas fantasías
que ya son mi más bella realidad.
Todavía no han nacido,
todavía, todavía,
los que conmigo amarán,
y conmigo cantarán,
y conmigo soñarán,
y compartirán conmigo
la poesía y la libertad.
Todavía no han nacido,
pero Dios y yo sabemos
y, con Dios, el sol, la tierra,
el agua y el aire,
que un día nacerán.
JUAN CERVERA -México-
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