Subí al barco que me condujo directo a la fuente de ingreso, y luego me desvanecí en el cardumen de cuerpos que viajaba dentro del Tehom abismal.
Los giros de nuestro nado en el entorno acuoso se producían debido a una serie de señales sincrónicas que nos sujetaba a una danza rítmica. Debía llegar a mi encuentro con el dealer que ofrecía las Flores de Roshé que habían sido descatalogadas. Presioné mi globo ocular y en el mapa se encendió un punto naranja. Tenía el dinero suficiente conmigo, y una caja de roshé por tres bitcoins era un precio razonable. Con esas podría tener un viaje descontrolado y fuera de toda conexión online; algo más
real y al aire libre. Primero debía presentarme y ofrecer el pago, como era la costumbre.
Un pesimismo brutal se presentó de pronto y me atravesó como un arpón.
Temía haber pescado un virus o que un hacker justiciero estuviera interceptando mi señal por ser un comprador de drogas. No obstante se trataba de algo más. Me di cuenta de que mis extremidades estaban compuestas por seis brazos, de los cuales dos me pertenecían, o por lo menos, respondían
a mis órdenes. Los demás estaban inertes y por alguna razón me sentía tranquilo y alarmado al mismo tiempo.
Aquel era uno de los problemas de bugearse con otros usuarios en medio del navegador, que nuestros pensamientos y emociones también fuesen susceptibles de una confusa mezcla. Uno era un ser
emocional, el otro era simplemente un imbécil que no tenía idea de nada. Ahora nuestros cuerpos tehómicos nadaban enrollados, parpadeantes, y no había ley que nos amparase.
De modo que cuando llegué al encuentro con el dealer, su cuerpo tehómico se presentó hostil. Y tenía sus razones, puesto que aquello no era lo acordado. Primero se burló de mi parecido con una antigua deidad hindú.
Luego me recriminó el hecho de haber arrastrado conmigo a dos seres que ahora conocían su ruta de actividad.
Para empeorar la situación, el imbécil que había traído se puso a insultar en todas las direcciones posibles. Tuve que terminar la conexión de inmediato, si no quería poner en riesgo mi vida. Así perdí
contacto con el dealer, y también los bitcoins; pero son los riesgos de bucear en el Tehom.
Jack H. Vaughanf —seud.— (Argentina)
Publicado en la revista digital Minatura 148
No hay comentarios:
Publicar un comentario