Regresa el sol, ansioso jardinero
sobre el Arca de Noé, y Abril se sube
arriba de los árboles y a la cabeza de los poetas
que embriagados de savia y de sangre,
regresan dulcemente a sus cuadernos.
Cuadernos a las manos primorosas
que se afanan en letras de suspiros
y remontan su cuerpo a la floresta.
Y cantan en silbidos de viento
y élitros de águilas de piedra
que cada cual cincela con la luz
de sus ojos y el tacto deseoso de crear
y de ser dios sin ser visto
oculto bajo el sol de primavera.
Arcos en el cielo de contiendas floridas,
triunfo del iris elevado sobre el río
y la montaña verde
que sostiene el carro de Venus.
MIGUEL CAMUÑAS
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