Usted, amigo Antonio, tiene un vivir de pobre,
y en efecto lo es. ¡Entonces ¿por qué, Antonio,
esa insistencia suya de hacerse en matrimonio
con el hierro sin alma; con el plomo y el cobre?!
Deje que otros den algo de lo que más les sobre
a los que siempre fueron víctimas del demonio:
los que no han conocido de alhaja y patrimonio;
los que deja la suerte morirse en mar salobre.
No gaste su fortuna con juerga ni en alhajas;
no será menos rico donando unas migajas…
Mi amigo don Antonio, no sea usted tacaño:
Desenfade su bolsa, vaya usted más ligero,
ande libre del cobre, menosprecie el dinero,
que así será más rico diciendo adiós al año.
FRANCISCO HENRÍQUEZ -Cuba-
Publicado en la revista Oriflama 24
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