En la calma de las sombras,
pensaré,
en la tibieza de la piel,
en la frialdad del cerebro,
en el calor
de los genitales
y en la miseria de la boca.
En la sombra de las calmas,
pensaré,
en la razón de las obsesiones,
en la mirada de los tigres,
en el color
de la risa
de los payasos.
En la sombra de las sombras,
pensaré,
en el mundo sin el mundo,
en la vida que ya no vive,
en la soledad
amarga
de los muertos.
Julio G. del Río (Valencia, España)
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