Tengo la camisa blanca.
Manchada
con la sangre derramada de los justos,
Heridas de una guerra
de la que yo no fui;
ni balas,ni aviación,ni trinchera,
solo lo un muro de corazones.
Donde quedaron gravado los cañonazos.
como ecos de otra época.
Tengo la camisa quemada.
por la rabiosa ceniza,
Que mordió las sienes de los niños.
que duermen acurrucados
junto a los pechos calcinados
de sus madres muertas.
Tengo la camisa sucia.
De las miserias de los hombres.
y de los churretes de saliva seca
en la boca de los chicos.
de los animales dormidos,
sobre sus vientres de paja.
Hasta consumirse en un sollozo.
Que tenga, arena en su garganta,
Tengo la camisa rota.
por el filo de las lágrimas,
que perforaron
los corazones de los esqueletos de barro.
que duermen en las cunetas.
Mirando con sus ojos abiertos,
la lluvia de metal
Que caen sobre su frente perforada.
¡Madre!.
ya no tengo camisa
porque la camisa, era mi piel.
y yo...
me la rasgué,
como hacen los gitanos.
para regar con mi sangre fresca.
Que fluye como agua de un manantial,
por mi espalda abierta.
los campos de ceniza ,
En donde crecen las palomas de acero.
con las alas extendidas.
Debora Pol.
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