Cogí un poco de pan,
un poco de vino,
y un trocito de queso,
y me senté en una colina
para contemplar el mar,
era el mejor sitio del mundo
y me sentí rica,
tenía mis manjares preferidos
y una buena vista a la vida.
No estaba sola,
mi soledad era compartida,
pues al comer sentía al aire
y me quería, y yo a él,
bebía el vino
y veía el ámbar del desierto
y sus arenas amarillas,
y el queso me salía a besos
a caricias y a alegría,
estaba viva, yo existía.
Miré el ancho mar
y sus azules aguas me llenaron
con grandes olas de energía,
sentí que era reina de mi mundo
y feliz en él me movía,
comprendí que era poca cosa
y eso me liberó de mi mente
que me tenía esclavizada siempre,
sentí los latidos de mi corazón,
y su tic tac me daba la fe,
la esperanza y el amor
y con ellas me envolvía.
era un mundo bello
nada de fantasías.
me levanté
y me fui a andar por la playa,
y al andar las olas venían,
y las huellas que iba dejando
las iba borrando, desaparecían,
y comprendí que la vida era eso,
andar y dejar las penas
los problemas, las soledades,
y lo bueno que me viniera
guardarlo como un gran tesoro,
pues eso es lo único que me llevaría
cuando dejara la vida,
pues para volver
quiero irme sin prisas
lentamente,
como una suave brisa.
que no se noten mis pasos
que se borren todos en la orilla...
FRAN TRO
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