Cara de mil espejos,
te reflejas de distintas maneras
sin ninguna clase de complejos.
Madre de la Cobardía,
valor no tienes y te escondes
atrás de una caricia o sonrisa fingida.
Hija del Desprecio,
no pudo nadie más engendrarte,
siendo como eres.
Aunque a tus ancestros trates de ocultar,
tu árbol genealógico a pulso, te lo ganaste.
Amiga te dices llamar,
pero cuando hablas,
la envidia también haces notar
y apuñalas por la espalda, sin piedad.
Pena me da
del que por ti se deja gobernar,
y su vida se transforma en mediocridad.
Así mismo llama su infelicidad.
Risa algunas veces también das;
cuando te crees inteligente,
pero te haces muy evidente,
y ridícula te ves ante la gente.
¡Hipocresía!
Sí, a ti y a tu comadre
la envidia, a ustedes les hablo.
¡Váyanse ya!, donde no se les extrañe más
y dejen vivir al prójimo en paz.
Ingrid Carolina Amaya -Estados Unidos-
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