Hubo una época en la que me convertí
en el último hombre acodado en la barra,
era un búho sediento.
No tenía vida,
era un hombre pegado a mis adentros,
una máquina de beber.
Buscaba en la barra del bar,
la astilla clavada en la armadura.
Esperaba presto a mi propia muerte,
cruzar por encima del destino.
Solo era un búho de ojos de humo
acodado a una barra cualquiera..
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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