sábado, 20 de diciembre de 2014

BRONCE


El cañón, la campana, la escultura,
hijos del bronce, tienen su manera
particular de hablarnos, ya guerrera,
solemne, o desde su épica estatura.

En voz ronca, el cañón, desde su oscura
posición camuflada, vocifera
su plan de destrucción; lúgubre fiera
que asalta y mata, pero no captura.

Con solemne reclamo, la campana
convoca multitudes, a cristiana
secular, o elegíaca asamblea.

La escultura es testigo de la historia,
ya cultural o militar, memoria
y ejemplo a secundar, acción o idea.

FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -In memoriam-
 

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