Tú me acostumbraste
a esas noches de fuego
siempre llenas de pasión,
ahora ingrata me dejas
como si fuera cualquier cosa
rompiéndome el corazón.
Tú me acostumbraste
a la música de tus palabras
que en mis oídos hacían caricias,
en adelante no las escucharé
no serán el puente de ensueño
que precedían a mil delicias.
Tú me acostumbraste
al aroma de tu piel desnuda
que con mis besos ardía,
a esos momentos de delirio
donde mi alma con la tuya
en el éxtasis se perdía.
Tú me acostumbraste
al dulzor de tus besos
que a futuro no tendré,
en el mar de la desdicha
de la pena, del olvido
cual náufrago navegaré.
Hoy te marchas como si nada
tus ojos se fijaron en otro
a un nuevo amor abrazaste,
ya no tendré tus noches ardientes
tus besos, otras tantas cosas
a que tú me acostumbraste.
Moisés Castro Parra -Chile-
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