He venido a despedirme
hasta el balcón testigo.
Un perdón no redime
lo que hiciste conmigo.
Pero tanto te he amado
que mi alma se resiste,
a que parta de tú lado
aunque tu lo propusiste.
Jamás te haré reclamos
ni guardaré rencores,
al fin los que amamos
soportamos los dolores,
de heridas que causó
ingrato a mis amores,
un acobardado corazón
que hoy pide que no llore.
Si una lágrima borrase
la mácula de tu perfidia,
mis llantos serán mares
y el olvido... mi alegría.
Ramón Pablo Ayala (Argentina)
No hay comentarios:
Publicar un comentario